La casa de perfumes más antigua en pie de la Argentina.
Casi cien años. Cuatro generaciones. Un mismo apellido.
Roseto Perfumes nació en 1927 y, casi un siglo después, continúa en manos de la misma familia que la fundó.
No fue una historia lineal. Fue una posta que pasó de mano en mano a lo largo de cuatro generaciones. Y en cada relevo hubo algo que se mantuvo intacto: la decisión de seguir creando perfumes.

En 1927, Pascual Nigro funda Roseto Perfumes.
Al principio era un laboratorio y, sobre todo, una convicción: que la perfumería podía hacerse en la Argentina con las mismas manos, el mismo conocimiento y la misma ambición que en Europa.
Durante sus primeros años, Pascual trabajó en el desarrollo de fórmulas, esencias y productos. Hasta que, en 1939, Roseto lanzó tres de sus primeras grandes marcas comerciales:
Cuero de Rusia. Noches de Montecarlo. Condesa Negra.
Nombres que evocaban un continente entero y una idea de elegancia que comenzaba a tomar forma en frascos creados y fabricados en la Argentina.
Cuero de Rusia traía el ámbar y la madera de los salones europeos. Noches de Montecarlo, un aire de jazmín y polvo de seda pensado para las noches largas. Condesa Negra cerraba con una base más oscura, casi resinosa, la que quedaba flotando en el aire mucho después de que la mujer que la usaba ya se había ido.
Roseto ya no era solamente un laboratorio. Empezaba a construir su propio universo perfumista.
Con el tiempo, Roseto dio un paso que pocas empresas del rubro se animaban a dar en la Argentina de aquellos años: instaló su propia fábrica de perfumes.
Allí desarrollaba sus productos, elaboraba sus propias fórmulas y también producía para otras marcas. El conocimiento comenzaba en el laboratorio y acompañaba cada perfume hasta llegar al frasco.
De ese lugar nació Gotas de Amor, una loción que se volvió tan popular que, literalmente, pagó el edificio.
Un perfume que abría con un golpe fresco de cítricos y se quedaba, horas después, en un fondo cálido de vainilla y almizcle — la clase de aroma que la gente todavía recuerda haber olido en la casa de una abuela.
Con las ganancias de un perfume, Roseto construyó su primera sede propia. Ese edificio continúa siendo hoy el corazón de la compañía: el lugar donde la historia familiar y el oficio perfumista siguen encontrándose todos los días.
En 1957 nacieron Oro, Flor de Manzano y Brisas de Mar.
Distintos nombres, distintas épocas y distintas formas de perfumar la vida cotidiana. Cada producto fue dejando una huella en la historia de Roseto y en la memoria de quienes lo eligieron.
En 1961, la compañía pasó a llamarse formalmente Roseto Perfumes S.A. y sus hijos, Domingo y Francisco Nigro, asumieron la conducción.
Lo que vino después fue la inestabilidad argentina: crisis cambiarias, inflación y transformaciones que hicieron desaparecer industrias enteras.
Muchas de las empresas que compartían el mercado con Roseto durante las décadas de 1960 y 1970 dejaron de existir.
Domingo y Francisco sostuvieron la empresa en cada una de esas etapas. Entendieron que preservarla era también preservar el trabajo de su padre, sus fórmulas y una manera de hacer perfumes que ya pertenecía a toda la familia.
No hubo una fórmula mágica para atravesar cada crisis. Hubo trabajo, adaptación y una convicción: abandonar no era una opción.
Hay una coincidencia que parece casual, pero resume buena parte de esta historia: el fundador se llamaba Pascual. El hombre que más tarde sostendría la empresa para que pudiera llegar hasta una nueva etapa familiar, también.
Pascual "Lito" Nigro tomó la posta como tercer eslabón de esta cadena.
Químico y arquitecto de formación: dos oficios que, pensándolo bien, eran exactamente los que este lugar necesitaba.
Uno le permitió comprender las fórmulas, las materias primas y el equilibrio invisible que da identidad a un perfume. El otro, las estructuras necesarias para que una empresa pueda mantenerse en pie, transformarse y seguir creciendo.
Entre ambos mundos, Lito preservó tanto la esencia de los productos como los cimientos del negocio.
Hoy es un nuevo grupo de la familia Nigro el que está al frente de Roseto, con Lito todavía cerca y con una misma tensión que atraviesa toda empresa familiar con historia: respetar lo construido sin dejar de transformarlo.
En los últimos años, Roseto renovó sus procesos de acuerdo con las Buenas Prácticas de Fabricación, incorporó nuevas tecnologías y profundizó su compromiso ambiental.
Pero el foco sigue estando en aquello que dio origen a la compañía:
desarrollar perfumes propios, formular productos con identidad y fabricar para otras marcas con el conocimiento acumulado durante generaciones.
Las herramientas cambiaron. Los procesos evolucionaron. También cambiaron los frascos, las tendencias y las personas que eligen una fragancia.
El oficio permanece.
Cada nuevo producto comienza como empezó el primero: con una idea, una fórmula y la búsqueda de un perfume capaz de dejar una huella.
Roseto no es solamente una historia para contar. Es una historia que todavía se formula, se fabrica y se usa todos los días.
Cada fórmula de Roseto no solo perfumó pieles: perfumó momentos. Hay generaciones enteras que asocian una tarde, una casa o una persona a un frasco nuestro.
Sigue siendo una familia.
Sigue siendo argentina.
Sigue siendo la casa de perfumes más antigua del país que enciende sus máquinas cada mañana.
El desafío ya no es solamente perdurar. Es seguir creando productos que conecten una tradición de casi un siglo con quienes los eligen hoy.
Producto propio. Formulación propia. Apellido propio.
ROSETO 1927
Cuatro generaciones no se inventan. Se ganan.
Descubrí nuestros perfumes y encontrá el que va a formar parte de tu historia.
CIEN AÑOS DE HISTORIA CABEN EN UN FRASCO. DESCUBRÍ EL TUYO.
